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“El buscador”, Rodríguez, J. M.; Cobacho, Darío

El BuscadorTítulo: El Buscador (La búsqueda del Torem #1)

Autores: José María Rodríguez, José Cobacho

Editorial: Autoedición. Disponible en Amazon

Número de páginas: 346

Año de publicación: 2015

La frase: “Una gota de agua no es nada. Muchas juntas crean un océano inmenso. Un océano que alberga la vida. Un grano de arena no es nada. Muchos granos juntos crean un vasto desierto. Un desierto árido y estéril donde la vida es escasa. Mientras que los humanos al nacer vamos precedidos por una fuente de agua, al morir nos transformamos en polvo, en arena. Así pues, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que mientras el hombre asocia el agua con la vida, la arena la asocia con la muerte.”

Valoración:

estrellas1

Sinopsis

El Torem, ¿una mentira histórica o una realidad mágica? Los Buscadores se han dedicado durante décadas a intentar resolver ese misterio.

Dave Marshall emprenderá un viaje que le llevará a recorrer el reino de Ravencros con el objetivo de encontrar aquello que busca. En su camino tendrá que hacer frente a numerosas adversidades, intrigas y peligros, pero contará para ello con una gran ventaja. Una ventaja que por muchos es considerada una maldición.

Será perseguido y acorralado, pero no dejará que nada ni nadie lo detenga. Ni siquiera el temido grupo conocido como los Agraciados.

La vida de un Buscador no es fácil. Y menos, para un Marcado.

Reseña

Año 1923. Dave Marshall lleva un mes lejos de su hogar, recorriendo diferentes localizaciones de Ravencros, un Reino conformado por once condados y separado en dos mitades por un río, cuya capital recae en la isla Entreaguas. El joven recibe de su abuelo la licencia y el sello que le acreditan ante el Rey como un Buscador, un hombre embarcado en la aventura de encontrar un objeto mágico que, según las leyendas, puede conceder cualquier deseo a su propietario. Bladimir, un reconocido alquimista del pasado, terminó a sus cincuenta y cinco años su mayor obra, la cuál posteriormente ocultó, a la que le puso su apellido: el “Torem”.

De camino a Pruriel, Marshall es asaltado por unos ladrones que, además, usan a una niña para lograr su objetivo. A pesar de la inferioridad numérica, Dave consigue escapar de los salteadores de caminos y llevar a la pequeña junto a su madre, una joven viuda dueña de la posada del pueblo. Es en la aldea donde el Padre Lucas le habla de un ser temible que, junto a su séquito, tiene bajo coacción a todos los vecinos, exigiendo cada vez cantidades más elevadas de dinero si no desean ser destruidos. El salvador de la chiquilla decide tomar partido y alargar su estancia en Pruriel, donde cita a todos los hombres capaces de levantar una espada en la plaza para enseñarles a luchar. Entre todos, plantarían cara a los intimidantes hombres y lograrían así su libertad. Tras una corta visita de Tyrus y sus dos secuaces, los tres saqueadores del camino, al día siguiente avanza hacia los ciudadanos un hombre de gran corpulencia y con un brazo izquierdo desproporcionado. Quimera implantaba su ley allá donde pasaba. Tras él, quince hombres lucharían contra los vecinos. El escenario de la plaza es digno de las mejores guerras. Mientras, apartado de todas las miradas, el Buscador consigue acabar con Quimera.

Simultáneamente, en el Palacio del Reino, el rey Magnus Tyradian IV debe juzgar a John Rennert, un Marcado que sana a una población en cuarentena con un extraño brebaje. La sentencia es clara: servicios al reino o muerte. El Marcado elige la muerte. Una decisión que parece no gustar a la alta sociedad, que deseaba obtener beneficios económicos de la sangre del ejecutado.

Dave prosigue su camino, tras haber salvado a los indefensos aldeanos, a la caza de su licencia y sello robados en la lucha, siguiendo las huellas del caballo de Tyrus, ileso en la batalla. Después de la muerte de Murdock -“Quimera”-, él es la esperanza del gobernador Patrick. En el tenebroso y pestilente Brixen, el Buscador conoce a Archi, un increíble arquero de un gran circo. Vistas sus dotes de defensa, el artista le invita al joven a unirse a su troupe como vigilante y defensor y éste accede al conocer el destino final del grupo: Luberma. Mientras, trataría de hacerse con su licencia e investigaría el paredero de su abuelo. Pero Horace Raakis, más conocido como “el Titiritero” en la corte del Rey, no se lo pondrá nada fácil. El Agraciado manda a uno de sus mejores empleados, Dexter Bestram -el Hombre de Arena-, tras el causante de la extraña e imprevisible muerte de Quimera.

A pesar de todas las medidas adoptadas, Dave se deja apresar por Tyrus, que le lleva ante el gobernador atravesando las alcantarillas de la ciudad. En un sótano sucio y lleno de tarros con diferentes órganos, el Buscador es atado a una camilla cubierta de sangre y horror. En una esquina de la estancia, Marshall logra vislumbrar un extraño cuerpo. ¿Qué es lo que su captor se trae entre manos? ¿Qué tiene de especial la sangre de un simple joven que sueña con el Torem? Mientras, a oídos de Magnus Tyradian IV llegan unos desconcertantes asesinatos con un elemento en común: un trébol de cuatro hojas en los escenarios del crimen.

Opinión

Los autores nos transportan por todos los senderos posibles de un Reino digno del medievo. Una narrador omnisciente nos presenta todos los frentes abiertos. Y, es que, El Buscador posee una línea narrativa nada habitual. El presente se mezcla con el pasado de una forma sublime, de la misma forma que las narraciones de escenarios diferentes en el mismo tiempo se enredan. Los personajes gozan de un fondo psicológico provechoso y el lector es manejado cual marioneta por los escritores. De una forma perfecta y elegante, claro. Las opiniones y los sentimientos hacia los seres humanos –y no tan humanos– que pueblan Ravencros, se irán alterando de una forma repentina y sorprendente. La acción no cesa en ningún momento e irá acompañada de una lucha interna por los valores que cada sociedad y cada invididuo en particular debe o desea poseer. En Ravencros, nada ni nadie es lo que parece.

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2 comentarios sobre ““El buscador”, Rodríguez, J. M.; Cobacho, Darío

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